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5-7 años

El patito feo

Un joven cisne gris intenta encontrar un lugar donde no tenga que esconderse. Cuando el hielo lo deja inmóvil, un granjero lo acoge y lo cuida durante el invierno. Una adaptación para compartir sobre la crueldad de las burlas, el valor del cuidado y la libertad de crecer sin dejar de ser uno mismo.

Hans Christian Andersen · Adaptación de Pewitos

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Cuadernillo con 2 páginas por cara: imprime a doble cara con volteo por el borde corto, dobla la pila por la mitad y engrapa al centro.

Edad
5-7 años
Páginas
24
Minutos estimados
8

El cuento en texto

El mismo cuento del libro ilustrado, para leer en voz alta, seleccionar texto o usar un lector de pantalla.

En un nido junto al estanque nacieron cuatro patitos amarillos. Un quinto huevo, más grande que los demás, seguía cerrado.

Los cuatro pequeños correteaban detrás de mamá pata. Ella volvió al nido y apoyó el ala sobre el huevo. —Te esperaré —susurró.

Al día siguiente, la cáscara se abrió. Salió un polluelo gris, más alto y con patas enormes. Miró a mamá pata con unos ojos muy atentos.

En el agua, sus grandes patas fueron una ventaja. Nadó alrededor de mamá pata y salpicó de alegría. Ella sonrió: su pequeño sabía encontrar el camino.

En el corral, sus cuatro hermanos se burlaron de su cuello largo y de sus grandes patas. Él bajó la mirada. Aunque estaban juntos, se sintió muy solo.

Mamá pata lo cubrió con su ala. —Puedes nadar tan bien como cualquiera —le dijo. Él la quería, pero cada día le costaba más salir del nido.

Una mañana, el ave gris cruzó un hueco en la cerca. —Buscaré un lugar donde no tenga que esconderme —pensó. Siguió el río entre los campos.

El río lo llevó a un pantano de juncos altos. Allí nadie le preguntó por su cuello ni por sus patas. Por primera vez en días, pudo descansar.

Unas aves silvestres llegaron al amanecer. El joven les dejó espacio en la orilla y ellas lo dejaron quedarse. No eran amigos todavía, pero compartían el agua.

De pronto sonó un estruendo lejano. Las aves alzaron vuelo. El pequeño se agachó entre los juncos; el corazón le latía deprisa, pero vio un canal estrecho.

Remó en silencio por el canal y salió a una pequeña ensenada. Allí estaba a salvo, pero nadie lo esperaba. Se quedó quieto, escuchando el agua.

Aquella tarde pasaron tres cisnes blancos sobre la ensenada. El joven levantó la cabeza. Nunca había visto unas alas tan amplias ni un vuelo tan sereno.

Batió las alas para seguirlos. Apenas se elevó sobre el agua y cayó con un chapuzón. Los cisnes se alejaron; él miró sus alas y decidió cuidarlas hasta que crecieran.

Las tardes se hicieron cortas. El joven encontró un hueco protegido bajo las raíces de un sauce y reunió juncos secos. Tendría un sitio donde pasar las noches frías.

Llegó la primera helada. Con sus patas grandes, mantuvo abierto un círculo de agua junto al sauce. Aquellas patas que había escondido ahora lo ayudaban.

Una noche, el hielo cerró el último círculo de agua. La nieve tapó la entrada del refugio. El joven quedó inmóvil sobre la nieve, demasiado frío para seguir nadando.

Al amanecer, un granjero lo encontró. Lo envolvió con cuidado en su abrigo y lo llevó a casa. Junto al fuego, el ave bebió agua y volvió a mover las patas.

El hombre lo cuidó durante el resto del invierno. En primavera abrió la puerta para dejarlo partir. El joven desplegó sus alas, ya fuertes, y el aire lo sostuvo.

Llegó a un lago de jardín. Allí estaban los tres cisnes que había visto en otoño. Se acercó con algo de miedo y descubrió en el agua su reflejo: era un cisne joven y blanco.

Los tres cisnes le hicieron sitio. Nadó junto a ellos y abrió las alas al sol. Recordó a mamá pata, sus grandes patas y el largo viaje: había aprendido a seguir adelante siendo él mismo.

Preguntas y actividades para este cuento

Pewitos · Lectura compartida

Una guía para este cuento

El ave gris sabe nadar antes de descubrir que es un cisne. Esta edición permite distinguir lo que puede hacer de lo que otros dicen sobre ella. El cuidado de mamá pata y del granjero importa tanto como el encuentro final: no necesita cambiar de aspecto para merecer ayuda.

Antes de leer

Hay burlas entre hermanos, soledad y una noche en la que el ave queda inmóvil por el frío. Anticipa el rescate si hace falta. Evita pedir a un niño que cuente experiencias personales de rechazo delante del grupo; pueden conversar sobre los personajes.

Preguntas para conversar

  • ¿Qué pueden hacer las patas grandes en el agua, aunque los hermanos se burlen de ellas?
  • Compara el corral con el pantano. ¿Qué cambia cuando las aves le permiten quedarse?
  • El granjero abre la puerta en primavera. ¿Cómo ayuda sin impedir que el ave siga su camino?
  • ¿Merecía el mismo cuidado al principio que al final? Busca una escena para explicar tu respuesta.

Un mapa de cuidados · 10 minutos

  1. Dibuja el nido, el pantano y la casa del granjero en una hoja.
  2. Junto a cada lugar, anota o dibuja una acción que protege al ave y otra cosa que todavía necesita.
  3. Vuelve a la escena del corral e inventa una frase que un testigo podría decir para ayudar. No hace falta representar la burla.

Palabras del cuento

Juncos
Plantas de tallos largos que crecen cerca del agua. Le sirven al ave para esconderse y preparar su refugio.
Ensenada
Una entrada de agua resguardada. El ave llega a una después de escapar por el canal.
Reflejo
Imagen que devuelve una superficie, como el agua del lago donde el joven se reconoce.

Sobre esta edición

Esta adaptación del cuento de Andersen de 1843 sigue al ave durante las estaciones y da espacio al cuidado del granjero. La guía propone observar el trato que recibe antes de reconocerse como cisne.

Edición y guía de lectura: Pewitos. La edad y el tiempo son orientativos; revisa el cuento según quien lo vaya a leer.

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Hans Christian Andersen · Adaptación de Pewitos

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