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3-5 años

La cigarra y la hormiga

Una cigarra canta todo el verano mientras una hormiga guarda comida para el invierno. Una fábula sobre trabajar y compartir.

Pewitos

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Edad
3-5 años
Páginas
24
Minutos estimados
8

El cuento en texto

El mismo cuento del libro ilustrado, para leer en voz alta, seleccionar texto o usar un lector de pantalla.

Era verano y el sol calentaba el prado. Una cigarra cantaba y tocaba su guitarrita desde la mañana hasta la noche.

Por el sendero pasaba una hormiga cargando un grano de trigo hasta su casa, y luego otro, y otro más.

—¿Por qué trabajas tanto con este calor? —preguntó la cigarra—. Ven a cantar conmigo.

—Estoy guardando comida para el invierno —dijo la hormiga—. En el campo hay trigo de sobra. ¿Me ayudas?

—¿Invierno? ¡Falta muchísimo! —se rió la cigarra, y siguió cantando. La hormiga se encogió de hombros y volvió a su trabajo.

Grano a grano, la despensa de la hormiga se fue llenando, mientras la cigarra cantaba bajo las estrellas.

Los días se hicieron más cortos y las hojas se pusieron doradas. —¡Las hojas bailan conmigo! —cantaba la cigarra.

La hormiga pasó con el último grano. —Ya casi no queda trigo, cigarra. ¡Todavía estás a tiempo! —Una canción más y voy —respondió ella.

Una mañana, el prado amaneció blanco de escarcha. La cigarra tiritaba, y sus dedos estaban tan fríos que no podía tocar.

Corrió al campo de trigo, pero solo quedaban tallos secos. Empezaron a caer los primeros copos de nieve. —¿Y ahora qué voy a comer?

Esa noche buscó refugio bajo una hoja seca, pero el viento se la llevó volando. Por la mañana, la nieve cubría todo el prado.

Caminando entre la nieve, con hambre y con frío, la cigarra recordó las palabras de la hormiga: «¿Me ayudas?». ¡Cómo le habría gustado decir que sí!

Al anochecer vio una lucecita entre la nieve: era la puerta de la hormiga. «¿Me abrirá, después de no querer ayudarla?», pensó.

Respiró hondo, se acercó y llamó despacito: toc, toc.

La hormiga abrió la puerta. —Tengo hambre y frío —dijo la cigarra—. Tenías razón, hormiga.

—¿Y qué hiciste todo el verano? —preguntó la hormiga. —Cantar —susurró la cigarra, mirándose los pies. La hormiga sonrió: —Entonces pasa. Hay comida para las dos.

Junto al fuego, la hormiga compartió su trigo. La cigarra comió despacito y, poco a poco, dejó de temblar.

Así pasaron el invierno: la hormiga compartía su comida, y la cigarra, sus canciones. Afuera nevaba, pero adentro estaban calentitas.

Cuando volvió el verano, la cigarra se levantó temprano y cargó trigo junto a su amiga.

Y por las tardes, al terminar el trabajo, la cigarra cantaba en el prado, y ahora la hormiga se sentaba a escucharla.

Una cigarra canta todo el verano mientras una hormiga guarda comida para el invierno. Una fábula sobre trabajar y compartir.

Sobre esta edición

Edición y guía de lectura: Pewitos. La edad y el tiempo son orientativos; revisa el cuento según quien lo vaya a leer.

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Licencia: Adaptación de Pewitos de una fábula antigua atribuida a Esopo.

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