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5-7 años

El traje nuevo del emperador

Dos embaucadores engañan a una corte entera, hasta que una niña dice en voz alta lo que todos pueden ver. Una sátira amable y clara sobre la honestidad, el valor de pensar por uno mismo y el poder de decir la verdad.

Hans Christian Andersen · Adaptación de Pewitos

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Cuadernillo con 2 páginas por cara: imprime a doble cara con volteo por el borde corto, dobla la pila por la mitad y engrapa al centro.

Edad
5-7 años
Páginas
14
Minutos estimados
5

El cuento en texto

El mismo cuento del libro ilustrado, para leer en voz alta, seleccionar texto o usar un lector de pantalla.

Había un emperador que pensaba más en sus trajes que en los asuntos del reino. Cambiaba de ropa varias veces al día y siempre preguntaba: —¿No es magnífico lo que llevo puesto?

Dos embaucadores llegaron al palacio fingiendo ser tejedores. —Fabricamos una tela maravillosa —dijeron—. Es invisible para cualquiera que sea necio o no merezca su cargo.

El emperador pagó oro y les dio un salón con dos telares. Los embaucadores movían lanzaderas vacías y pedían seda e hilo dorado, que guardaban en sus baúles.

El ministro fue a revisar el trabajo. No vio nada, pero temió perder su puesto. —¡Qué dibujo tan fino! —exclamó. Luego repitió ante el emperador todo lo que los falsos tejedores habían inventado.

El propio emperador visitó el telar. Tampoco vio la tela. Como no quería parecer necio, sonrió y dijo: —Es exactamente el traje que deseo para la gran procesión.

El día de la fiesta, los embaucadores fingieron cortar y coser. Hicieron como si vistieran al emperador y luego huyeron con el oro. Frente al espejo, nadie se atrevió a decir la verdad.

El emperador salió bajo un gran dosel. Los cortesanos fingían sostener una cola que no existía, y la gente aplaudía por miedo a parecer necia.

Entonces la niña de las trenzas miró con atención y dijo: —¡Pero si el emperador no lleva ningún traje nuevo! —Su voz fue clara y no quiso hacer daño: solo estaba diciendo lo que veía.

La verdad pasó de persona en persona hasta que toda la plaza la repitió. El emperador sintió calor en las mejillas: comprendió que había sido engañado y que su miedo había ayudado al engaño.

Mantuvo la cabeza en alto y terminó el corto trayecto, pero al volver al palacio reunió a sus ministros. —Desde hoy quiero consejos sinceros, aunque no me gusten —dijo. Y el reino aprendió que la verdad no necesita un traje elegante.

Preguntas y actividades para este cuento

Pewitos · Lectura compartida

Una guía para este cuento

Los falsos tejedores no necesitan una tela mágica: utilizan el miedo de cada persona a parecer incapaz. La niña interrumpe ese acuerdo de silencio al describir lo que ve. En esta edición, el emperador termina pidiendo consejos sinceros a sus ministros.

Antes de leer

El humor nace de un traje que no existe y de la vergüenza pública del emperador. Conversen sobre el engaño sin convertir el cuerpo o la apariencia de alguien en motivo de burla. No saber algo y decirlo puede ser una respuesta valiente.

Preguntas para conversar

  • ¿Qué amenaza esconden los tejedores dentro de su promesa sobre la tela?
  • ¿El ministro describe lo que ve o repite lo que le dicen? Busca la escena.
  • ¿Por qué la misma verdad resulta más fácil de repetir después de que habla la niña?
  • ¿Qué podría hacer el emperador para demostrar que de verdad quiere consejos sinceros?

Lo vi, lo oí, lo supuse · 10 minutos

  1. Divide una hoja en tres columnas con esas palabras.
  2. Elige al ministro y coloca en cada columna lo que sabe sobre el supuesto traje. Deja vacía una columna si no hay evidencia.
  3. Escribe una pregunta que habría ayudado al emperador a revisar el trabajo antes de entregar más seda e hilo dorado.

Palabras del cuento

Embaucadores
Personas que engañan para obtener algo. Los falsos tejedores quieren quedarse con el oro.
Telar
Herramienta para tejer. En el palacio los telares están vacíos.
Dosel
Cubierta sostenida sobre un lugar o una persona. El emperador camina bajo uno en la procesión.

Sobre esta edición

Adaptación del cuento de Andersen de 1837. Una niña dice lo que ve y el emperador termina pidiendo consejos sinceros. La guía distingue observar, repetir y suponer.

Edición y guía de lectura: Pewitos. La edad y el tiempo son orientativos; revisa el cuento según quien lo vaya a leer.

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Hans Christian Andersen · Adaptación de Pewitos

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