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5-7 años

Momotaro

Momotaro nace de un melocotón y viaja a la isla de los oni para recuperar el arroz, las telas y las herramientas de las aldeas. En el camino comparte sus kibidango y reúne a tres compañeros. En esta adaptación del cuento tradicional japonés, cada amigo aporta una habilidad. La valentía de Momotaro crece al escuchar a los demás y actuar con ellos.

Tradición japonesa · Adaptación de Pewitos

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Cuadernillo con 2 páginas por cara: imprime a doble cara con volteo por el borde corto, dobla la pila por la mitad y engrapa al centro.

Edad
5-7 años
Páginas
24
Minutos estimados
8

El cuento en texto

El mismo cuento del libro ilustrado, para leer en voz alta, seleccionar texto o usar un lector de pantalla.

Hace mucho tiempo, una abuela lavaba ropa junto al río mientras el abuelo recogía leña. Un melocotón enorme apareció entre las ondas. Ella lo llevó a casa para compartirlo.

En casa, el melocotón se abrió por sí solo. Dentro había un bebé sonriente. Los abuelos lo llamaron Momotaro, el niño melocotón, y decidieron criarlo con todo su cariño.

Al crecer, Momotaro encontró al abuelo intentando levantar un gran haz de leña. Lo dividió en dos y cargaron uno cada uno. Juntos llegaron a casa antes de que oscureciera.

Un día, Momotaro supo que los oni de una isla habían tomado arroz, telas y herramientas de las aldeas. Decidió pedir que las devolvieran. Su abuela preparó kibidango y su abuelo le entregó una espada de madera.

En el camino, un perro hambriento olió los kibidango. Momotaro partió uno y se lo ofreció. —Te acompañaré —dijo el perro. Momotaro aceptó: ya no caminaba solo.

Más adelante, un mono miraba un puente roto sobre un arroyo. Momotaro compartió otro kibidango. El mono les mostró un paso entre las rocas y se sumó al viaje.

Por último apareció un faisán verde. Momotaro compartió otro kibidango y el ave se unió al perro y al mono. Desde una rama señaló el camino hacia el mar. Ahora eran cuatro viajeros.

Al llegar al mar, subieron a una pequeña barca rumbo a Onigashima. Acordaron un plan: el faisán miraría desde el aire, el mono treparía, el perro cuidaría la entrada y Momotaro hablaría con el jefe.

El viento cambió de golpe y la barca se ladeó. El perro se agachó para equilibrarla, el mono aseguró una cuerda y el faisán vio aguas tranquilas detrás de unas rocas. Momotaro siguió la ruta que le señaló.

Desde el aire, el faisán vio una pequeña abertura en el costado del muro, oculta tras un pino. Volvió para avisar. Momotaro dejó de mirar la gran puerta: por aquella entrada lateral podían acercarse sin llamar la atención.

El mono trepó hasta la abertura y levantó el pestillo de la puerta lateral. El perro sostuvo la hoja abierta. Momotaro entró detrás de ellos. Cada amigo abrió el camino al siguiente.

En el patio los esperaban tres oni. —Venimos por las cosas que se llevaron —dijo Momotaro, con la espada de madera baja—. Devuélvanlas, por favor. El jefe azul apretó su garrote y cerró el paso al almacén.

El jefe cerró de golpe la puerta del almacén. Los otros oni avanzaron con sus garrotes. Momotaro retrocedió sin golpear a nadie y llamó a sus amigos: necesitaba abrir el almacén sin herir a nadie.

El faisán agitó las alas y los oni miraron arriba. El mono tiró de una cuerda; el perro apartó un garrote caído. Momotaro abrió el almacén. Allí estaban los cofres y paquetes marcados con los nombres de las aldeas.

Ya no podían esconder lo que habían tomado. El jefe oni bajó su garrote y los otros dos dejaron los suyos en el suelo. —Nos rendimos. Devolveremos todo —prometió. Momotaro aceptó y compartió el último kibidango.

El jefe reunió los cofres y pidió a los otros oni que buscaran los paquetes de cada aldea. Momotaro leyó las marcas y separó arroz, telas y herramientas. La promesa empezaba a cumplirse.

Cargaron la barca con cuidado. El agua quedó cerca del borde. El mono acomodó los bultos, el perro se quedó quieto a proa y el faisán guio a Momotaro hacia la costa.

En la aldea, los abuelos ayudaron a devolver cada paquete. Momotaro abrazó a su familia y dijo: —Llegamos juntos. Cada amigo hizo su parte.

Al caer la tarde, la abuela preparó más kibidango. Momotaro apartó uno para el perro, otro para el mono y migas para el faisán. Compartieron la mesa mientras, afuera, el camino quedaba en calma.

Preguntas y actividades para este cuento

Pewitos · Lectura compartida

Una guía para este cuento

En esta adaptación del cuento japonés, Momotaro comparte comida y aprende a utilizar las habilidades de sus compañeros. El objetivo es devolver arroz, telas y herramientas a las aldeas. El almacén y sus paquetes identificados convierten la aventura en una conversación sobre reparar un daño.

Antes de leer

Incluye un nacimiento fantástico dentro de un melocotón, un viaje por mar y una confrontación con los oni. Momotaro lleva una espada de madera y busca abrir el almacén sin herir a nadie. Los oni son seres del cuento, no una descripción de personas japonesas.

Preguntas para conversar

  • ¿Cómo resuelve Momotaro el problema del haz de leña antes de empezar su viaje?
  • ¿Qué hace cada amigo cuando el viento ladea la barca?
  • ¿Qué cambia cuando encuentran paquetes con nombres de las aldeas?
  • ¿Por qué prometer devolver las cosas no es todavía lo mismo que devolverlas?

Cada habilidad cuenta · 15 minutos

  1. Dibuja a Momotaro, al perro, al mono y al faisán. Añade una acción de cada uno que ayude al grupo.
  2. Inventa un obstáculo sin combate: un camino inundado o una carga difícil de ordenar. Reparte tareas entre los cuatro.
  3. Cuenta cómo comprobarían que nadie quedó atrás y que cada paquete llegó a su aldea.

Palabras del cuento

Kibidango
Bocados que prepara la abuela para el viaje. Momotaro los comparte con sus compañeros.
Faisán
Un ave. En el cuento, mirar desde el aire le permite descubrir rutas que otros no ven.
Pestillo
Pieza que mantiene cerrada una puerta. El mono lo levanta para abrir el paso lateral.

Sobre esta edición

Esta adaptación del cuento japonés se concentra en recuperar bienes para las aldeas. Compartir los kibidango inicia una cooperación en la que cada compañero aporta una habilidad distinta.

Edición y guía de lectura: Pewitos. La edad y el tiempo son orientativos; revisa el cuento según quien lo vaya a leer.

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